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La ideología en los medios

Pedro Sedano | 2017-05-09 13:01:29

Hay tres definiciones de la RAE que me vienen “al pelo” para este artículo de opinión:

  • Ideología: “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”
  • Fundamentalismo: “Exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida”
  • Sectarismo: “Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología”

Pues bien, en buena parte de los medios de comunicación se juguetea con una, con dos o con las tres definiciones, dejando de lado la racionalidad y ecuanimidad, filtrando todos los hechos por esos tres cristales o, en ocasiones, inventándose directamente los hechos. Además, no debemos olvidar que la Constitución, en su art. 20 d, obliga “A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”.

Medios de comunicación que tenían cierto prestigio, como El País, han tenido (y tienen) sus más y sus menos con la libertad de expresión, la censura o la tergiversación. No digamos de algunos medios privados claramente sectarios, que tienen una óptica distorsionada de la realidad y que obedecen a ciertos intereses, nunca confesados o confesables.

Un aparte necesitan los medios públicos, de los que hay muchos y, desde luego, no todos son iguales o cumplen con lo que se espera de un medio público: nada de ideología, sectarismo, fundamentalismo… por el contrario, deben ser veraces, transparentes, independientes del poder político, profesionales, plurales, etc. Si los medios públicos no cumplen con ello, merecen la indignación de la ciudadanía a la que sirve y que tiene todo el derecho de exigir que los medios públicos le sirvan a ella, no al partido de turno y, caso de no lograrlo, puede exigir su cierre, pues para eso pagan su funcionamiento.

No deja de ser curioso cómo algunos medios tratan a otros, sobre todo si son la competencia o son públicos. Si para hilar una historia (que les conviene) hay que ocultar la verdad o decir media verdad (o mentir), pues se hace. Así nos encontramos con presupuestos de medios públicos de los que otros privados dicen que son 20 veces el real o las denuncias de censura o de enchufismo, en algunos casos sin indicio alguno que sustente esas afirmaciones. O difundiendo a los cuatro viento las dificultades económicas de un medio, con datos inflados por su competencia. Aquí, todo vale para denostar o denigrar al que no forma parte del mismo grupo de intereses.

Pero, lo más preocupante es lo que algunos ciudadanos dicen u opinan sobre los medios en función de lo que dicen sus medios favoritos, sin pensar en que pueden estar siendo engañados, llevándoles a terrenos de analfabetismo informativo, a la postverdad que nos empobrece y lleva al poder a personajes como: Trump (EEUU), Orban (Hungría), Putin (Rusia) o que encumbra a otros como Le Pen (Francia), Berlusconi (Italia), Wilders (Holanda), Farage (GB), etc.

Si realmente queremos ser ciudadanos libres en una sociedad democrática, deberemos ser más activos en el consumo de información, denunciando aquellas noticias falsas “fake” y no difundiendo nada que no hayamos contrastado. Será algo más laborioso, cierto, pero será por nuestro propio bien, por el de todos.

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