Artículo publicado en El Dial de junio de 1992 cuyo texto fue extraído del folleto publicado por el extinto Servicio Latinoamericano de la BBC, mandado por Luis Fernández, EA7-0821, y transcrito por Esperanza Rufo, EA4-0635
Invisible, intangible, su símbolo es cero, sin embargo, durante los últimos cien años, ha sido y es de vital importancia para navegantes y todos aquellos preocupados por la exactitud de la hora. Este es el Meridiano de Greenwich: Grado Cero de Longitud.
La historia de cómo la entonces ciudad de Greenwich se identificó con la línea que divide el Este y el Oeste de nuestro planeta, va más allá del 1884, año en que obtuvo el reconocimiento internacional.
Indirectamente se debe a una mujer, la Duquesa de Portsmouth, amante del rey Carlos 11, el haber lanzado el hoy barrio de Greenwich a su trayectoria cientffica. Ya en el siglo XVII, los navegantes buscaban ansiosamente medios de establecer la Longitud Terrestre. Si bien podían calcular la Latitud Norte-Sur del Ecuador midiendo el ángulo entre la estrella Polar y el horizonte, eran incapaces de determinar con exactitud su posición geográfica al carecer de una referencia Este-Oeste una vez que la línea de tierra desaparecería bajo el horizonte.
El Profesor Stuart Malln, Jefe del Dpto. de Astronomra y Navegación del Museo Marltimo Nacional de Greenwich y experto en la historia del Meridiano, nos cuenta lo que sucedió. En 1674, la Duquesa de Portsmouth. quien dividra su tiempo entre el rey Carlos 11 y su amante francés Le Sieur De Plerre, comentó al rey que su amigo creía haber encontrado una solución al problema. Inmediatamente organizó una comisión para investigar la teoria. Esta concluyó con que a pesar de que la idea de De Pierre era correcta. pues como decra, era posible calcular la Longitud Terrestre midiendo el movimiento de la luna entre las estrellas, los astrónomos ignoraban la exacta posición de las estrellas y la órbita de la Luna, a la vez que careclan de instrumentos para medir el
movimiento de nuestro satélite.
Esto, lejos de descorazonar al Rey Carlos, le impulsó a ordenar la fundación del Observatorio Real y, en 1675, encargó al Primer Astrónomo Real, John Flamsteed, -a poner el mayor celo y dedicación en la búsqueda de la muy deseada Longitud Terrestre para el perfeccionamiento de las artes de la navegación…. Flamsteed se embarcó en la difícil tarea en un precio observatorio en
el Parque Real de Greenwich, en el cual logrará una de las contribuciones esenciales para determinar el Meridiano: el catálogo con la exacta posición de las estrellas. El Prof. Stuart Malin cuenta que en el comienzo cualquier lugar hubiera servido. En efecto, se habla pensado en Hyde Park y en Chelsea antes que en Greenwich. Finalmente se eligió Greenwich, al sur del Támesis y ahí funcionó el Observatorio Real hasta 1948, cuando fue trasladado a Hertsmonceux, en Sussex, cambiando su nombre por el de Real Observatorio de Greenwich.
En 1730 John Hadley, inventó un instrumento para medir la posición de la luna con relación a las estrellas al que llamó Octante, debido a que la escala de medición se basaba en una octava de círculo. Más tarde, cuando la escala fue aumentada a un sexto de círculo, se llamó Sextante, instrumento éste que aún se usa hoy día. Ocho años más tarde, otro Astrónomo Real, Edmund Halley – quien descubriera el comenta – añadió otra valiosa pieza a este rompecabezas al establecer con exactitud la órbita de la luna.
Pero no fue sino hasta 1767. noventa y dos años después de que Carlos 11 iniciara las investigaciones. que toda la Información relativa a la Longitud Terrestre, fue reunida en un libro llamado el «Nautical Almanac». A partir de entonces fue posible determinar· la Longitud Terrestre comparando, a una determinada hora local el ángulo formado por la luna y una estrella. con la distancia angular establecida a una determinada hora de Greenwich.
Los esfuerzos de los astrónomos para buscar una solución al intrincado problema de la longitud fueron continuados por los del relojero John Harrison quien rebatiera la idea del gran Isaac Newton sobre la imposibilidad de construir un reloj que diera el tiempo exacto en el vaivén de una nave en alta mar, fabricando el cronómetro marítimo. En sucesivos ensayos a bordo de la
nave «HMS Centurion», se comprobó que era posible crear una hora standard y usarla en alta mar para determinar la Longitud.
La diferencia por hora, entre la hora local y la del Meridiano de Greenwich, equivalía a 15° de longitud, lo que significaba que una nave dos horas adelantada al cronómetro, se encontraba a 30· al Este del Meridiano, igualmente si estaba dos horas atrasada, equivalía a estar 30· al Oeste. Este invento le valió a Harrison el reconocimiento de su gobierno y 20.000 libras esterlinas, el equivalente a 1 millón de libras hoy día. SiR embargo, el excesivo costo del cronómetro hizo que fueran· muy pocos los capitanes que pudieran usarlo en sus naves, siendo uno de los afortunados el Capitán Cook.
El uso generalizado de este invento no se produjo sino hasta fines del siglo XVIII cuando la comunidad de relojeros del barrio de Clerkenwell inició la fabricación del cronómetro de forma que cada relojero fabricara una o varias partes del mismo, llevando de esta forma la fabricación del cronómetro marltimo a un costo muy por debajo del pedido por un artesano individual. AsI fué
corno la hora y el nombre de Greenwich quedaron inseparablemente unidos.
En 1833 se erigió en el techo del Observatorio Real lo que hoy se cree fué la primera indicación pública de la hora, para beneficio de los marinos del Támesis y del Puerto de Londres. La misma consistía en una bola elevándose hacia el extremo de un mástil poco antes de la una de la tarde para caer a la hora en punto, permitiendo así a los marinos controlar el tiempo exacto en sus cronómetros. Este mecanismo, aún en funcionamiento, deleitaba tanto a los marinos como a los que se paseaban en las cercanlas del lugar. Un observador de la época, el Sr. H.C. Barton, hoy con más de 90 años, que fuera criado en el barrio de Balackheath, cercano al Observatorio, relata que «De nillos, todos los domingos, después de la misa, caminábamos hasta el Observatorio para ver la bola roja caer a la una en punto y luego corríamos a casa a almorzar».
Para su tranquilidad y alegría podrán ahora los marinos británicos usar una hora standard en alta mar. Sin embargo en tierra la situación era diferente. La hora local era indicada por la simple observación del sol. Cada grado al Este u Oeste del Meridiano representaba 4 minutos más o 4 minutos menos, así por ejemplo, Fort William – en Escocia, estaba 20 minutos adelantada respecto a Londres, Londres misma, estaba 23 minutos atrasada respecto a Greenwich. Con la llegada de los trenes surgió la necesidad de crear una hora uniforme en toda Gran Bretaña y como era de esperar, se eligió la hora de Greenwich: «Greenwich
Mean Time» – G.M.T.
A pesar de ello algunas ciudades se opusieron a cambiar su forma de indicar la hora, con la consabida confusión que ésto creaba a los viajeros. Otras como Oxford, mostraban en sus relojes dos minuteros, uno para la hora local y otro para la hora de Greenwich.
En 1852 el Observatorio obtuvo su primer reloj electrico y comenzó a indicar la hora en forma sonora, llevada a todo el paíS a través de los hilos del telégrafo, algo asl como la primera versión de los familiares «pips» lanzados por la BBC en 1924 escuchados en todas las radios. En 1855, el 98% de los relojes públicos indicaban la hora de Greenwich (GMT). Sin embargo debieron pasar más de 25 años antes de que el Parlamento aprobara la ley de Definición de la Hora, declarando la hora de Greenwich como la oficial para toda Gran Bretaña.
Gran Bretaña fue la pionera en el mundo en desarrollo al establecer una hora standard y mejorar la navegación marítima. Sin embargo muchos países ignoraban estos adelantos y a mediados del 1800 muchos de ellos mantenían su hora particular, al punto de encontrar en el Grado Cero de Longitud más de doce horas diferentes. En 1884, en una conferencia internacional
en Washington, se declaró en forma unánime, la necesidad de adoptar una única línea meridiana para todos los países. Cuando EE.UU. sugirió que deberla ser el Meridiano de Greenwich, hubo desacuerdo. Franela en particular, prefería un meridiano neutral. Sin embargo Greenwich era la elección obvia, ya que dos tercios de la navegación marítima del mundo se guiaba por él. América y Canadá habían también adoptado la hora de Greenwich. Después de interminables debates en los que quedó claro que el meridiano debla pasar por un Observatorio Científico y por lo tanto no podía ser neutral, el 13 de octubre de 1884, veintidós países votaron por Greenwich, Santo Domingo votó en contra, Francia y Brasil se abstuvieron. A pesar de establecer la hora GMT para uso general por los marinos después de la conferencia de Washington, llevó casi 100 años el aceptar una hora internacional relacionada con el meridiano.
Hasta hace poco tiempo, 1978 exactamente, los franceses se guiaban aún por la hora de París-París Mean Time – que difería una quinta de segundo de la hora de Greenwich. La línea invisible que marca el Grado Cero de Longitud, atraviesa Inglaterra desde Withernsea en Humberside hasta Peacehaven en Sussex, donde un monumento marca su salida del país. A lo largo de la ruta cosas más tangibles nos indican la presencia del Meridiano: La Rosaleda Meridiano en Essex, el Paseo Meridiano en Hertforshire, el Café Meridiano en Lincolnshire. En la estación Hither Green al Sur de Londres, la vía está dividida de forma que su comienzo está en el hemisferio occidental y su final en el oriental. En la cancha de golf de Puckeridge – Hertfordshire – se dice que los jugadores lanzan la pelota en el oriente y ésta cae en el hoyo en el occidente. Cada año miles de turistas visitan el viejo Observatorio Real que forma parte del Museo Marítimo, para fotografiarse junto a la barra de bronce que marca el paso invisible del meridiano.
El meridiano de Greenwich celebra su primera centuria en un momento en que satélites y radares parecen hacer fácil el orientar naves y aviones a sus destinos. Sin embargo, para el Profesor Stuart Malin, el Sextante, el Almanac y el Cronómetro están lejos de ser algo del pasado. A pesar de la facilidad y exactitud de estos métodos electrónicos de navegación, ellos dependen de
señales de radio, que pueden ser fácilmente interferidas en tiempos de guerra. Por eso habrá siempre necesidad de los instrumentos y habilidades tradicionales del navegante. Observación ésta que sin duda dejará contentos a los espíritus de
Flamsteed, Halley, Harrison y otros.



